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El Pintor de su Paisaje

Para ver el Paisaje es necesario vivir dentro de uno mismo

                                                                                          Andre Maurois

                 Toro Rojo (Cantón Checa, 1951)

 

 

 

 

 Vista de Horta-Barcelona (Cantón Checa, 1957)

 

 

                              

 

                          

            La Pintura de Cantón Checa

En carta que escribí a don Manuel de Falla, definía yo a la música como la arquitectura de lo sucesivo. Me valió en entusiasta refrendo del ermitaño de la Alta Antequeruela. Viendo los cuadros de Cantón Checa, pienso si la pintura -su pintura- no es otra cosa que la arquitectura imposible. Todas las obras de Cantón Checa, como las de sus camaradas almerienses, están armadas por dentro como unas arquitecturas ideales, en ningún modo realista, con manifiesto o disimulado desdén por las leyes de la plomada o de la resistencia de materiales. Se me dirá que también sus posibles y más repetidos modelos, los cubos, prismas, poliedros, hemisferios, cilindros de La Chanca son caprichosos, y desafiando al ojo y a la mano, gritándonos para que los toquemos, los acariciemos, los traspasemos con mirada perforadora y maravillada, nos confirman su libertad rebelde, sus agrupaciones sidereas, sus adhesiones a los caprichos, protuberancias, oquedades, alabeos de la materia cortical terráquea. No importa. En las obras de Cantón Checa, la audacia va más allá. El modelo existe, pero el arte lo modifica, lo exalta, lo combina y lo trastrueca, lo vuelve a crear a su antojo.

Esto lo puede lograr un pintor, cuando además de una poderosa predestinación mental que manda y ordena su personal «fiat,> a cada nuevo objeto nacido de su mano, posee una técnica, un oficio consumado y siempre en inquieta búsqueda de inéditos problemas y congruentes soluciones. Es el color el que puede lograr los milagros de la arquitectura imposible y de la arquitectura de lo imposible. El color y los otros elementos o datos o dados del juego plástico y cromático. Lo cálido o lo frío, lo abierto o lo cerrado, lo íntimo o lo grandioso.

Almería no es la única patria de Cantón Checa. Almería es, por otra parte, mucho más que la ciudad. Ese maravilloso Sorbas, ese paisaje de Serón o esos otros campos, quizá ya fuera de Andalucía, con armonías y lejanías sobre un pedal de rojos o esos olivos atrevidamente asentados sobre las fajas de bandera española. Y todavía hay que contar con que el paisaje no lo es todo. Gusta el pintor de ir al campo o a los barrios espontáneos en busca de sugestiones y así logra salvar lo que la estupidez espesa pierde día a día. Pero luego se recluye en su estudio o pase meditando cómo va a transformar lo visto en lo soñado, lo real en lo ideal. Y queda lo otro humano. La mujer, el niño, las mocitas lavando y las criaturas lavándose en el pilón. Las cabezas bien redondas en equilibrio de ángulo lado menor, lado mayor- graciosamente disimulando una uve mayúscula de composición, que es una de las eternas filigranas invisibles del arte de componer en superficie.

Mucho camino ha andado Cantón Checa en sus etapas de pintor fervoroso e ilusionado. Muchas le quedan por andar si la órbita mediada va a seguir su curvatura implícita. La delicadeza íntima de su sensibilidad de artista y la honradez de su confesión cotidiana ante el lienzo que le espera y le escucha su confidencia y su ambición, su pecado, su arrepentimiento y su confianza de absolución, son garantías del crecimiento incesante de su obra ya ejemplar.

   

   Gerardo Diego (De la Real Academia Española)

 

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