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NI
PIDAS NI RECLAMES un puerto de utopías; Es difícil hallar esa
rada ideal
Con sirenas y pájaros, músicas y silencios,
Que la imaginación dibuja con pinceles ilusos...
Por el mar de tu vida, sé barco navegante
Y a la vez capitán;
No olvides lo que sabes, ni lo que te enseñaron
Los viejos marineros,
Que en la suya, encontraron arrecifes hirientes
Y calas encalmadas.
Sobre ti están los cielos con sus constelaciones,
Indicando las rutas.
Observa las estrellas, sin que te ciegue el brillo;
Intuye las tormentas, para esquivar su golpe;
Soslaya el archipiélago de aristas afiladas;
Mira si el horizonte
Se riza con un viento contrario a tu velamen
Y abórdalo, si puedes, con tu mejor sonrisa...
Ve bravamente amigo, sorteando naufragios,
Doblegando elementos y gozando las brisas
Que calmen tus sentidos y oreen tu corazón...
Cuando llegues, descansa;
Pon al sol tus recuerdos,
Como una lona al viento que seca y purifica
Y deja vela y mástil soleados y limpios;
Eso basta y Ulises,
-bravo, prudente y ágil-,
No le pidió otra cosa a los dioses propicios.
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SER
LIBRE Hay algo que
me hace sentirme superior
A muchos de los hombres,
Porque yo soy más libre,
Si libre es realizar aquello que se quiera;
Escuchar el silencio o el silbo de los vientos
Apoyado en un árbol,
Mirando el horizonte o cerrando los ojos,
Sosegado y sin prisas, —intuyendo, añorando... Paladeando el tiempo que
pasa sus adioses...
Yo escarbé y horadé para romper mis grillos; Busqué la libertad, no su
filosofía, Porque ella me nubla la verdad de ser libre Sin su propio
asidero.
La quiero, ciertamente, sí me regala horas Y me dice “esto, es tuyo;
éste, es tu pensamiento, Tu emoción, tu palabra...”
“Ni Icaro ni ave, porque eres sólo un hombre; aprende las distancias que
abarcas con tus alas, afirma lo que tienes y tenlo totalmente,
degustando hasta el fin, el encanto de ser poseedor de ese bien:
el fruto sazonado, es más dulce en su centro donde guarda la esencia:
allí está, en duermevela, el lejano recuerdo De haber sido antes flor.

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A VECES ME PREGUNTO que dónde mora
el alma; Dónde la vida y muerte se entrelazan y vibran;
Se unen y desunen; dónde e sueño se acaba Y se levanta firme la dura
realidad; Dónde carne y aliento se funden e intercambian La sumisión y el
mando.
¿Quién empieza y por qué...?
¿El alma, dominando a un cuerpo que es materia quebradiza, asilo del dolor
y campo de placer, o el cuerpo que la ampara y le brinda amigable la
última estadía, para acabar unidos en un extraño anillo soldado por la
muerte...?
¿Pero funciona el alma si el corazón se para...? ¿Quién doma o besa a
quién...?
O de los dos, ¿quién es quien clava su estilete En el último instante...?
© Manuel Del Águila |